Centro Integral de Psicoterapias con Soporte Empírico
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¿Qué es Trauma?

Trauma es una respuesta emocional a un evento perturbador, como puede ser un accidente, un abuso o un desastre natural (American Psychological Association. APA, 2017). Por su parte, los eventos potencialmente traumáticos son situaciones emocionalmente abrumadoras que involucran la muerte o amenaza de muerte, lesiones severas o amenaza a la integridad física (ISTSS, 2017).

Trastornos asociados

El Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT) se asocia a un alto índice de comorbilidad con otros trastorno psiquiátricos (Kessler, 1995).

 

Depresión

La depresión es un cuadro caracterizado por ánimo triste y/o pérdida o disminución del placer por las cosas, sumado a cambios en el apetito, peso, sueño y actividad, falta de energía, sentimientos de culpa, dificultad para pensar o tomar decisiones, y/o pensamientos recurrentes de muerte o suicidio (APA, 2013).

TEPT y depresión pueden ocurrir simultáneamente como trastornos diferenciados en hasta un 50% de los individuos traumatizados (Kessler, 1995; Blanchard, 2003). Además, los individuos con ambas entidades clínicas están más angustiados, presentan mayor deterioro funcional y mayor riesgo de realizar intentos de suicidio, y presentan probabilidades de remisión sintomática menores que los individuos que sólo padecen TEPT (Blanchard, 1998; Oquendo, 2003).

 

Ansiedad

Cuando evaluamos trauma encontramos que más del 50% de los pacientes presenta un Trastorno de Ansiedad y frecuentemente más de uno (Brawman-Mintzer et al., 1993, T. A. Brown & Barlow, 1992; Sanderson, Di Nardo, Rapee y Barlow, 1990). El TEPT presenta un altísimo riesgo (60%) de estar acompañado por Trastorno de Pánico con Agorafobia (TPA). Especulativamente, esta asociación puede reflejar un alto nivel de activaciòn autónomica de estos trastornos. Ambos trastornos, TEPT y TPA, se caracterizan por una elevada excitación autonómica en forma crónica. Entre los principales trastornos de ansiedad asociados con trastorno de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), están el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) y Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), 36% y 32%, respectivamente, (Brown, Campbell, Lehman, Grisham & Mancill. 2001).

 

Disociación

Disociación en trauma se refiere a la división de la personalidad de un individuo. Se lo entiende como división y no como separación debido a que las partes disociativas de la personalidad no están completamente separadas unas de otras.

La disociación comienza como un proceso normal, que inicialmente se activa como protección para poder lidiar con experiencias traumáticas, pero que con el tiempo evolucionan a procesos maladaptativos y patológicos (Putnam, 1989). Ante situaciones de estrés extremo los sistemas cognitivos, afectivos, conductuales y funcionales que componen la estructura de la personalidad pueden verse divididos unos de otros (Steele et al., 2009).

Esto se produciría cuando el individuo no tiene la capacidad para integrar a su sistema biopsicosocial las experiencias adversas vividas, por lo que a partir de esta división pueden originarse dos o más subsistemas estables pero insuficientemente integrados entre sí.

Si bien los trastornos disociativos alguna vez fueron considerados excepcionales o infrecuentes en la clínica, estudios recientes encontraron prevalencias aproximadas en la población general del 9%. Específicamente, del Trastorno de la Identidad Disociativo (TID) se encontró una prevalencia del 1,1 al 1,5% (Johnson, 2006, Şar, 2007).

Las experiencias traumáticas repetitivas en la infancias aumentarían significativamente la posibilidad de desarrollar cualquier trastorno disociativo (Kisiel et al., 2001)

Los síntomas disociativos pueden dividirse en dos grupos, los síntomas negativos y los síntomas positivos. A su vez, cada uno de estos grupos sintomáticos suelen dividirse en otros dos subgrupos, los psicológicos y los somáticos (Baita, 2015).

Entre los síntomas negativos psicológicos se describen la amnesia, la pérdida de habilidades y conocimientos previamente adquiridos, la despersonalización, la pérdida de afecto, y la pérdida de necesidades, deseos y fantasías.

Los síntomas negativos somáticos comprenden la pérdida de sensaciones, como puede ser la anestesia, la insensibilidad al dolor y hasta la pérdida de funciones motoras como parálisis o dificultad para la fonación.

Dentro del grupo de los síntomas positivos se encuentran aquellos que tiene una cualidad intrusiva. Los que se manifiestan a nivel psicológico suelen ser la sensación de tener pensamientos o afectos que no les pertenecen, escuchar voces, revivir emociones o pensamientos asociados a la experiencia traumática, alteraciones en la relación con los otros, y cambios afectivos importantes con irrupción de estados emocionales intensos.

Los síntomas somatomorfos positivos incluyen lo que podríamos considerar las intrusiones de los aspectos sensoriomotores de las experiencias traumáticas. Son ejemplo de estos síntomas el dolor, las conductas no controladas como los temblores o tics, las distorsiones sensoriales y en algunos casos las seudoconvulsiones.

 

Abuso de sustancias

La comorbilidad entre TEPT Y  Trastornos por Abuso de Sustancias (TAS) es alta. A lo largo del tiempo se han creado dos posibles teorías con la intención de justificar las altas tasas de comorbilidad entre el TEPT y el TAS. Por un lado, algunos autores piensan que los pacientes con sintomatología post-traumática, intentan auto-medicar los síntomas de TEPT  y regular así el sufrimiento psicológico. De este modo, comienzan consumir sustancias y abusar de ellas. Luego, con el uso continuado de estas, la activación fisiológica por la abstinencia al alcohol u otras sustancias puede exacerbar los síntomas de TEPT contribuyendo a la exacerbación y recaída en el consumo, y el posterior desarrollo de dependencia a la sustancia (Khantzian, 1985; Jacobsen, 2001).

La segunda teoría sostiene que los individuos que presentan abuso de sustancias mantienen estilos de vida que los predisponen a exponerse a situaciones de riesgo para sufrir algún trauma, incrementando las chances de desarrollar el TEPT (Cottler, 1992; Chilcoat, 1998). Otros consideran que el consumo de alcohol aumenta la vulnerabilidad para desarrollar un TEPT a partir del aumento de la ansiedad y el alerta (Stewart, 1996).

Las mujeres tienen mayores chances de desarrollar dependencia al alcohol posteriormente al inicio de la sintomatología de TEPT (Back, 2005).

Por su parte, el TEPT y el TAS comórbidos se asocian con peores resultados del tratamiento (Ouimette, 1998).

 

Trastorno Límite de la Personalidad

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es un patrón perdurable que se caracteriza por la inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos; e impulsividad intensa, causando malestar clínicamente significativo y deterioro en el ámbito laboral y/o social (APA, Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5, 2013). Los individuos con TLP, frecuentemente presentan experiencias traumáticas tales como abuso físico o sexual en la infancia, aunque esto no representa un criterio para el diagnóstico. (Pagura et al., 2010)

La prevalencia de TEPT en individuos con TLP es de alrededor del 30% (Pagura et al., 2010; Swartz et al., 1990). En los pacientes con diagnósticos co-mórbidos, se encontró mayor ocurrencia de intentos de suicidio que en aquellos con TLP solo y mayor riesgo de tener presentaciones clínicas más complejas que aquellos con TEPT solo. También se encontró mayor prevalencia de experiencias de trauma en la infancia. (Pagura et al., 2010; Harned, 2010)